El enmarcado general de una muestra o exhibición de arte -más si se trata de algo variado como en este caso, o para usar palabras del artista “con obras de barrios distintos”- tiene una mejor evolución y rendimiento si el proceso se realiza de manera “vertical” y sin distracciones. Es decir, centrándose en este trabajo del principio al fin, evitando efectuar otros conjuntamente para así obtener una visión total de la muestra tal y como va a ser presentada al público.

En notas anteriores hemos destacado la importancia del intercambio entre el cliente -en este caso el artista- y el marquero. En este trabajo en particular deseo agradecer la confianza de un artista de la envergadura y trayectoria de Thomas Lowy, que siempre pidió y aceptó mi opinión.

La idea general del enmarcado estaba clara y planteada desde el inicio por Lowy; un perfil con cieerta profundidad y de líneas rectas en tono lustre en su inmensa mayoría y los restantes en blanco.

Esto fue cambiando con el tiempo, no solo jugando con diferentes perfiles -siempre manteniendo el concepto de profundidad y líneas rectas- sin que incorporamos el negro para algunas obras -prácticamente en los dibujos a lápiz y tinta- , aumentamos considerablemente el número de obras que lucirían borde blanco e incluimos un tono especial de gris para una de las obras. Además hubo tres obras a las que simplemente se les aplicó una alfajía como terminación al borde del bastidor.

No todos los marcos fueron colocados al borde de la obra, en muchos se optó por un estilo “cajón” dejando un aire entre el vidrio frontal y la imagen, que a su vez flotaba -foam bord mediante- entre el fondo y el cristal, dejando incluso un margen blanco entre obra y perfil.

En resumen, se trabajó con un concepto pre establecido, claro y definido, pero al que se le aplicaron variantes que permiten crear áreas en la exhibición sin apartarse de la idea primaria.


Nota publicada originalmente en agosto de 2020